martes, 13 de diciembre de 2016

INSTRUCCIONES SECRETAS DE CARLOS V A FELIPE II

INSTRUCCIONES SECRETAS

Antes de comenzar este comentario es relevante señalar que el texto a comentar es una de las dos cartas que Carlos V escribió a su hijo, el príncipe Felipe, cuando éste tenía 16 años, para darle consejos, tanto para gobernar, como para su propia vida personal. Las dos cartas fueron escritas en Palamós, cuando Carlos V se disponía a embarcar rumbo a Génova para enfrentarse a las tropas de Francisco I de Francia. La primera carta fue escrita el 4 de mayo de 1543 para que fuese publicada, y la segunda carta, la que vamos a comentar a continuación, fue escrita dos días después, el 6 de mayo, pero en esta ocasión para que fuese mantenida en secreto: “Os escribo y envío esta secreta que será para vos solo, y así la tendréis secreta y debajo de vuestra llave sin que vuestra mujer ni otra persona la vea”, ya que en ella el monarca dará a su hijo, como veremos, información sobre las fortalezas y debilidades de sus ministros y personas de confianza.



Se trata de un texto de género epistolar y de carácter histórico de suma importancia.

El texto de Carlos V se divide en tres partes, que resumiré y comentaré a continuación:

I.- En esta primera parte, ante su marcha a un viaje del que no sabe si volverá, Carlos V se lamenta de dejar a su hijo unas tierras con una economía en un estado preocupante: “…el pesar que tengo de haber puesto los Reinos y señoríos que os tengo de dejar en extrema necesidad”. Efectivamente, en estos momentos la Corona tenía grandes dificultades para financiarse, y la situación económica y social no era la idónea: “A pesar de la abundancia de recursos castellana, la magnitud de los ambiciosos proyectos del emperador, la mala gestión económica, en general, y la incapacidad para canalizar adecuadamente los metales preciosos procedentes de América hacia la economía productiva, condujeron al endeudamiento y a la primera suspensión de pagos española en 1557, bajo el reinado de Felipe II”[1]

Además, la preocupación del monarca ante el viaje que va a realizar se hace patente en estas líneas: “…voy a cosa tan incierta que no sé qué fruto se seguirá de él, porque el tiempo está muy adelante y el dinero poco y el enemigo avisado y apercibido”.
Por si fuera poco, la situación militar también era complicada: “…y para disminuir sus fuerzas (refiriéndose al rey de Francia) pensaba hacer entrar al duque de Alba por el Languedoc,…, y por alta mar con las galeras trabajar la Provenza,…, pero por ahora esto no se puede hacer, así por no haber las vituallas necesarias como por falta de dineros,…, y también porque hasta saber qué hará el Turco no tengo mis galeras libres”. Carlos V emprende un viaje con final incierto y deja a su hijo una herencia difícil de gestionar.

II.- En esta segunda parte, Carlos V previene a su hijo sobre los criados de la Corte: “Ya se os acordará de lo que os dije de las pasiones, parcialidades y casi bandos que se hacían o están hechos entre mis criados”, y le indica las personas en las que puede confiar o desconfiar, en cada caso, por ejemplo: “Por esta causa he nombrado al cardenal de Toledo, Presidente y Cobos para que os aconsejéis de ellos en las cosas de gobierno”. El cardenal de Toledo y Cobos son personas de la mayor confianza de Carlos V, sin embargo, aconseja a su hijo: “…no os pongáis en sus manos solas ni ahora ni en ningún tiempo ni de ningún otro, antes tratad los negocios con muchos y no os atéis ni obliguéis a uno solo, porque aunque es más descansado, no conviene”.
Carlos V informa a su hijo a continuación de las virtudes, pero también de las incapacidades de cada uno de ellos: “A Cobos le tengo por fiel, hasta ahora ha tenido poca pasión, ahora paréceme que no le falta, no es tan gran trabajador como solía. La edad y la dolencia lo causan, bien creo que la mujer le fatiga.”, y le previene sobre otros: “El Duque de Alba quisiera entrar con ellos, y creo no fuera de bando sino del que le conviniera. Y por ser cosa del gobierno del Reino donde no es bien que entren grandes no lo quise admitir, de que no quedó poco agraviado”.
Aunque el monarca opina que Cobos “para lo de la Hacienda es un gran oficial”, y su confianza en él es absoluta, sin embargo: “En esto de la Hacienda no conviene que sea solo, como lo tengo dicho, y por eso me parece que no podríades darla a otro ni a quien más os conviniese que a don Juan Zúñiga”. 
Algunos de los consejos que Carlos V da a su hijo no tienen desperdicio, y van más allá de lo profesional, entrando en cuestiones privadas de sus súbditos: “…basta que unos pequeños presentes que hacen a su mujer le infame (en referencia a Cobos)”, lo que habla del monarca como un gobernante que vigila a las personas que tiene alrededor.
A continuación Carlos V previene a su hijo sobre otros, en los que no tiene la misma confianza que tiene en Cobos y en el cardenal de Toledo: “Y esto es la una cosa que tiene, que es un poco de codicia (refiriéndose a don Juan)”; “Al obispo de Cartagena todos lo conocemos por muy buen hombre; cierto que no ha sido ni es el que más os conviene para vuestro estudio”; “No hablo en lo del cardenal de Sevilla, porque él está ya tal, que estaría mejor en su iglesia que en la Corte”.
Finalmente, Carlos V le habla a su hijo sobre Granvela, que también es una persona de su máxima confianza: “…yo estoy en lo cierto que no hay persona que mejor los entiende que ni más generalmente y particularmente los haya tratado que Granvela, y él me ha muy bien servido y sirve en ellos”.

III.- En esta tercera parte, Carlos V aconseja a su hijo, de forma más personal, sobre la forma en la que debe gobernar, siempre encomendándose a Dios: “En estas dudas siempre os atened a lo más seguro, que es a Dios y no curéis de lo otro”.

Al terminar la carta, como postdata, Carlos V advierte a su hijo de la importancia de mantener esta carta en secreto: “Por eso os encomiendo mucho que en esto vea yo vuestra cordura y secreto, y que de ninguno sea vista ni aún de vuestra mujer”.

Además de la información que nos aporta personalmente Carlos V sobre las dificultades de su reinado, este texto va mucho más allá, porque en él podemos conocer, entre líneas, al monarca y, aunque desde un punto de vista muy personal, a las personas que estaban más cerca de él y en las que depositó su confianza (Cobos, el cardenal de Toledo, don Juan Zúñiga, Granvela,…). Llama la atención el alto grado de conocimiento que tuvo el monarca de estas personas, no solamente de sus habilidades profesionales, sino también de sus esposas, sus hijos, sus amigos, su codicia, sus problemas de alcoba, sus miedos,…

En la carta, por tratarse de una carta personal y para mantenerla en secreto, Carlos V llega a confesarle a su hijo, de forma totalmente sincera, sus dudas ante los problemas que le surten en el día a día de su reinado: “las que debería están tan oscuras y dudosas que no sé cómo decirlas ni qué os llevo de aconsejar sobre ellas, porque están llenas de confusiones y contradicciones”.

Se trata de un documento excepcional, que nos permite ver desde los ojos del monarca las dificultades de su reinado, las personas de su confianza, e incluso, sus miedos.





[1] José Mª López Jiménez, Economía y finanzas en el siglo XVI: La visión de Ramón Carande en “Carlos V y sus banqueros”, Publicado en la revista digital Extoikos, Sección Pensamiento Económico, pág. 35-42 (Dialnet).




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