martes, 13 de diciembre de 2016

"EL PRÍNCIPE" DE MAQUIAVELO

COMENTARIO DE TEXTO

Es importante, en primer lugar, dar unas pinceladas sobre el contexto histórico y social en el que vivió  Maquiavelo y las transformaciones que sucedieron en la época en que vivió y el lugar donde habitó, donde hay que circunscribir su pensamiento.



Desde un punto de vista económico, social y político,  nos encontramos en el comienzo del capitalismo, en el que la burguesía va teniendo un poder cada vez mayor en las ciudades, lo que supone el final del feudalismo. Además, la nobleza y la iglesia pasan a un segundo plano, cediendo el primer lugar a la burguesía, mientras los gremios adquieren un gran poder en las ciudades. Ya no es tan importante la propiedad o el linaje, sino la riqueza, lo que cambia el panorama económico, social y, finalmente, político. Los enfrentamientos que se producen entre la nobleza y la nueva clase rica, la burguesía, fomentados por aquella, y el aumento de las actividades comerciales y empresariales hacen necesario un gobierno fuerte. La monarquía absoluta se muestra como el sistema político más adecuado para gestionar esta situación, y Maquiavelo así lo entiende.  Se trata de una monarquía que nada tiene que ver con la medieval, cuyos fines eran cuestiones como la justicia, la libertad, Dios,…, y en las que las decisiones de los monarcas estaban muy influenciadas por la nobleza y la iglesia.

Desde un punto de vista cultural, nos encontramos en el Renacimiento, donde el hombre pasa a ser el centro, desplazando a Dios, y la razón es el criterio de verdad.

Además, Maquiavelo habita en la República de Florencia, una de las ciudades-estado más importantes en las que se encontraba dividida la nación italiana, políticamente independientes, lo que produjo continuos enfrentamientos y guerras entre ellas.

En estas circunstancias socio-políticas Maquiavelo ve necesario un poder fuerte, un Príncipe que sea capaz de poner el interés del Estado por encima de cualquier otra cuestión, llegando, si es necesario, a emplear cualquier medio, sea legítimo o no, para mantener el poder, tanto frente a sus súbditos, como frente a potencias extranjeras.

Maquiavelo vería en César Borgia el mejor representante de sus ideales políticos, cuyo estilo de gobernar, frío y calculador, encantó a Maquiavelo. Para Maquiavelo, el gobernante debe intentar, en primer lugar, ser fiel a sus promesas, ser prudente y hacer el bien, pero siempre que ello no le suponga perjuicio, y llegado el caso, si fuera necesario y sin dudarlo, debe utilizar el engaño, incluso desdiciéndose, y el mal, siempre guardando las apariencias, siendo frio y calculador como lo fue César Borgia, para no perder la confianza de sus súbditos, que es la base del poder del gobernante, ya que de esta forma evita que se promuevan rebeliones y conspiraciones contra él[1].




[1] Nestor Raúl Correa Henso, Moral y política en Nicolás Maquiavelo, Facultad de Derecho U.P.B.


HISTORIA GENERAL DE LAS INDIAS

EL MUNDO ES REDONDO

Antes de comenzar este comentario es relevante señalar que Francisco López de Gómara (1511-ca. 1566) es un sacerdote español nacido en Gómara (Soria), que fue secretario y capellán de Hernán Cortés, así como cronista de la conquista del Nuevo Mundo, en la que pudo acompañar al conquistador. Además de Historia general de las Indias y conquista de México (1552), obra dedicada en su primera parte a la conquista del Nuevo Mundo (a cuyo principio corresponden los pasajes de este comentario) y en su segunda parte a la conquista de México, Gómara escribió Anales de Carlos V, donde aparecen algunos datos de su autobiografía, y De los hechos de los Barbarrojas, donde narra la conquista española de Argel [1]. Gómara y su obra se circunscriben al siglo XVI, una época en la que coinciden el pleno renacimiento y el humanismo cultural con el descubrimiento y la conquista del Nuevo Mundo.


El texto de Gómara se divide en tres pasajes, que resumiré y comentaré a continuación:

I.- El mundo es uno, y no muchos, como algunos filósofos pensaron.

Los pensadores y filósofos de la Antigüedad pensaban que había muchos mundos, porque, si todo era infinito, no tenía sentido que sólo existiera un mundo: “parecía cosa fea y desproporcionada no haber en este infinito más de un solo mundo”[2].

Más tarde, los pensadores cristianos medievales hablaban de otro mundo, pero no en sentido físico: “Hizo el Altísimo este siglo para muchos; y el otro, que es la gloria, para pocos”[3].

Por último, para Gómara, como para sus coetáneos, sólo existe un mundo material, aunque en su obra, en ocasiones, habla de dos mundos: “aunque creo que no hay más de un solo mundo, nombraré muchas veces dos aquí, …, llamando nuevo mundo a las Indias”[4].

Esta era la primera pregunta a la que Gómara quería dar respuesta. Hay que tener en cuenta que para el hombre de su época, el término mundo se aplicaba al mundo conocido y, por ello, al que estaba más allá del océano, se le llamó Nuevo Mundo.

II.- Que el mundo es redondo, y no llano.

Aunque algunos pensadores y filósofos de la Antigüedad pensaban que la Tierra era plana, la realidad es que desde época antigua era conocida su redondez, y más aún en época medieval. Para Gómara, por lo tanto, como para sus coetáneos, ésta era una verdad conocida: “Muchas razones hay para probar ser el mundo redondo y no llano. Empero la más clara y a ojos vistas es la vuelta redonda que con increíble presteza le da el sol cada día”[5].

Como se ha visto, la respuesta a la pregunta sobre la redondez del planeta ya era conocida, sin embargo, el descubrimiento de nuevas tierras al otro lado del océano, acabó con cualquier duda.

III.- Que no solamente es el mundo habitable, más que también es habitado.

Algunos pensadores y filósofos de la Antigüedad pensaban que no todo el planeta se podía habitar, ya que tanto en las zonas demasiado calientes como en las demasiado frías suponían que era imposible habitar, hasta el punto que creían que sólo dos partes de cinco del planeta eran habitables: “La causa que ponen para no poder vivir hombres en la región de los polos, y el excesivo calor que hay debajo de la tórrida zona…”[6].

Sin embargo, este pensamiento no era generalizado y en la posteridad se vería refutado por completo. Gómara llegará a decir: “y así, no hay tierra despoblada por mucho calor ni por mucho frío, sino por falta de agua y de pan”[7].

Como conclusión, esta época de los descubrimientos aumentó el conocimiento humano, en la mayoría de los casos para dar por seguros conocimientos de los que se tenían ciertas dudas y en otros casos para generar nuevos conocimientos.

En el Renacimiento ya se sabe que el mundo (planeta) es uno, redondo y habitable todo él, pero es importante resaltar que la mayor parte de este conocimiento ya existía en la Antigüedad y que, junto con lo clásico, llegaría al Renacimiento a través de la Edad Media, tantas veces denostada y ahora reconocida su importancia en el conocimiento.

El descubrimiento del Nuevo Mundo aportó a la humanidad varias características, tan importantes que desde este momento la humanidad ya no volverá a ser la misma:

En el plano geográfico, el descubrimiento de nuevas tierras, de otro continente, abrió, por una parte, una amplia gama de nuevos territorios con los que comerciar y, por otra, acabó con la mentalidad anterior de que el mundo terminaba en el océano conocido.

En el plano humano, el descubrimiento de nuevas razas y nuevas sociedades, tan diferentes a las conocidas, dio una nueva dimensión al ser humano.

Y, por último, en el plano espiritual, el descubrimiento abrió un nuevo mundo que evangelizar, una serie de pueblos a los que adoctrinar en la fe.

En definitiva, el descubrimiento de nuevas tierras hizo que el ser humano del Renacimiento conociese que habitaba en un mundo más grande y con más personas de lo que había imaginado, y eso lo hizo sentirse más humano y también más pequeño.





[1] Eduardo Luis Feher, López de Gómara, el misterioso cronista de la conquista de México, Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
[2] López de la Gómara, Francisco. Historia general de las Indias, (Biblioteca Miguel de Cervantes), 11.
[3] Gómara, Historia general de las Indias, 12.
[4] Gómara, Historia general de las Indias, 12.
[5] Gómara, Historia general de las Indias, 12.
[6] Gómara, Historia general de las Indias, 14.
[7] Gómara, Historia general de las Indias, 15.



LA ANTROPOLOGÍA CONTEMPORÁNEA

COMENTARIO DE TEXTO

El texto propuesto trata de dar una visión general de la historia de la antropología, desde sus inicios hasta la actualidad.

La antropología, desde sus inicios, se ha venido ocupando principalmente de dos cuestiones: la cultura y la sociedad, “y es en torno a estos dos conceptos donde la antropología ha cobrado unidad conceptual” en la actualidad.


Como la antropología se ha venido ocupando de la sociedad primitiva, empezó dependiendo de los progresos de la biología y de la paleontología humanas, sin embargo, esta tendencia ha ido cambiando a medida que la antropología ha ido madurando y, por lo tanto, esa dependencia se ha ido trasladando a sus propios métodos y a su propia recogida de datos, es decir, se ha hecho más independiente.

No obstante, esta independencia no ha sido siempre así, ya que cuando se ha tenido mayor conciencia de la ciencia, los métodos y los datos recopilados por la antropología han pasado a ser más generales de todas las ciencias que propios de la antropología, lo que ha llevado a la antropología a entrar continuamente en crisis y “a considerarse con frecuencia subsidiaria de otras ciencias”.

La antropología ha pasado del estudio de la sociedad primitiva a estudiar la propia vida humana y su dimensión socio-cultural a lo largo de la historia de la humanidad.

A lo largo de su historia la antropología ha vivido tres fases: una primera fase, en la que se ocupaba de estudiar los orígenes del hombre, en una dimensión más evolucionista; una segunda fase, en la que se ocupaba de estudiar las relaciones entre las diferentes culturas, en una dimensión más científica; y una tercera fase, en la que se ocupaba de estudiar la cultura en sociedad, en una dimensión más práctica, utilitaria y cercana.

Para la antropología, la cultura es una realidad empírica, demostrable, tanto a nivel material como espiritual, ya que, por un lado, se manifiesta externamente y, por otro lado, está organizada internamente con ideas que se han transmitido de generación en generación, por este motivo, podríamos decir que la cultura es la primera manifestación de las personas que viven en sociedad. Las formas de comportamiento individual y colectivo de una sociedad están organizadas como una sola cosa, como una unidad, cuyos efectos internos se encuentran en la persona y los externos en la relación que ésta tiene con la sociedad.

La cultura abarca todo lo que los miembros de una sociedad hayan hecho con su naturaleza, como potencia, y a través de su cultura, como experiencia.

Sin embargo, la cultura no es tan sencilla ni tan matemática, y nos encontramos con diferentes corrientes de antropólogos que ven la cultura de diferente forma. Para los evolucionistas, la cultura es un proceso en continuo desarrollo, que no puede volver a su punto de partida, es decir, no puede ser circular; para los funcionalistas, la cultura es un hecho que puede repetirse en una sociedad determinada.

Por otra parte, para los deterministas el individuo no puede modificar la cultura, sino que es la cultura la que modifica al individuo, es decir, la cultura se destaca del individuo y tiene vida por sí misma en las relaciones que mantiene con éste.

Este culturalismo procede, en gran parte, del hecho de que la antropología se ha especializado, primeramente, en el estudio de las sociedades primitivas, en las que la cultura se transmite de forma repetitiva y, por lo tanto, sus miembros actúan de forma también casi repetitiva. Esto ha llevado a que, en muchas ocasiones, se sobreestime el papel de la cultura sobre el de los individuos, lo que ha producido que se dé más capacidad activa a la cultura que al hombre. Esta especialización de la cultura como objeto de la antropología ha contribuido a que no se le dé la importancia que tiene la interacción entre experiencia y naturaleza, que es, al fin y al cabo, el fenómeno fundamental de la existencia humana.

El culturalismo, por lo tanto, nos hace ver una realidad tergiversada, prescindiendo del hombre y la sociedad que éste ha creado, objetos sin los que no se puede tener una visión real de la cultura humana.

Este método determinista se parece mucho al del arqueólogo, con la diferencia de que la arqueología estudia materiales ya muertos y sociedades ya extintas, mientras que la antropología estudia relaciones entre personas, que solo pueden entenderse en sentido de una situación viva.

Ya en tiempos más cercanos, la antropología empieza a estudiar más en profundidad al ser humano (psicología) y a la sociedad (sociología), tendiendo a revalorizar más al ser humano y a entender que éste es parte activa en la cultura, con la que interrelaciona.

Es importante tener en cuenta que la naturaleza y la cultura son dos expresiones de lo social, ya que el hombre utiliza tanto su propia naturaleza como la cultura que ha heredado para desarrollarse él mismo y contribuir a desarrollar la sociedad en que vive.

Por lo tanto, la antropología, si quiere ser una ciencia seria, no puede prescindir de la naturaleza del ser humano para explicar la cultura, ya que la naturaleza del ser humano influye en la cultura de la misma forma en que la cultura influye en el ser humano, lo contrario sería como decir que el hombre no tiene naturaleza.

En las últimas fechas, el grupo antropológico inglés ha separado la antropología en dos ramas: por una parte la antropología social, representada por una posición sociológica; y por otra parte la antropología cultura, representada por una posición cultural.

Sin embargo, la diferenciación entre antropología social y cultural resulta falsa o, al menos, superficial, ya que la antropología está tan marcada por problemas sociales como culturales, por lo que su separación nos llevaría a una antropología incompleta.

Actualmente la antropología no se conforma con estudiar las sociedades primitivas y, de hecho, los antropólogos tienden a considerar a las sociedades primitivas como estudio de la etnografía, más que de la antropología, limitando su estudio como una forma de establecer un patrón objetivo. La acumulación de datos etnográficos realizada por la antropología ha servido de gran ayuda a las ciencias sociales y a las humanidades, a las que ha dado una visión más rica de la sociedad y de la cultura.

Esta experiencia acumulada por parte de la antropología ha servido para que ésta tenga actualmente una posición relativista, en la que no se generaliza nada, sino que se tiende a estudiar minuciosamente cada caso, de forma independiente: “las costumbres son válidas exclusivamente en términos de la sociedad que las usa”, y esto está demostrado.
En los últimos tiempos, la antropología ha dejado de estudiar a las sociedades primitivas y se está fijando más en el estudio de las comunidades rurales, estudiándolas por sí mismas, como hechos aislados, independientemente de lo ocurrido en otras comunidades, es decir, sin generalizar la experiencia recogida en otros casos.

La antropología contemporánea está en el momento de estudiar problemas más que pueblos,  ya no se trata de que un pueblo o sociedad tengan unos problemas determinados, sino que los problemas pueden ser sufridos por cada uno de los pueblos o sociedades estudiados, en épocas diferentes y por motivos también diferentes, o no.

Por lo que he podido leer en este artículo y en el primer tema de esta asignatura, saco como conclusión que la antropología ha buscado durante años un hueco en el mundo científico y, por suerte, lo ha encontrado.

Lo que comenzó siendo el estudio de las sociedades primitivas, seguramente para completar la información recabada por la arqueología, pasando por la etnografía, sociología y psicología, ha terminado dando como fruto una ciencia que estudia, no sólo los aspectos físicos de una sociedad, sino también las manifestaciones sociales y culturales de esa sociedad.

Una vez dejada atrás la generalización de los casos y la preponderancia de lo social sobre lo cultural o de lo cultural sobre lo social, así como la negación de la influencia de la naturaleza del ser humano, el resultado final ha sido una ciencia que estudia cada caso por sí mismo y que para realizar dicho estudio tiene en cuenta, tanto la naturaleza del ser humano que habita dicha sociedad, como la cultura heredada por la sociedad en la que vive, y que se centra en los problemas más que en los pueblos, dejando atrás también los prejuicios sobre determinados problemas que adjudicábamos, seguramente de forma nada científica, a determinados pueblos, y viceversa.

INSTRUCCIONES SECRETAS DE CARLOS V A FELIPE II

INSTRUCCIONES SECRETAS

Antes de comenzar este comentario es relevante señalar que el texto a comentar es una de las dos cartas que Carlos V escribió a su hijo, el príncipe Felipe, cuando éste tenía 16 años, para darle consejos, tanto para gobernar, como para su propia vida personal. Las dos cartas fueron escritas en Palamós, cuando Carlos V se disponía a embarcar rumbo a Génova para enfrentarse a las tropas de Francisco I de Francia. La primera carta fue escrita el 4 de mayo de 1543 para que fuese publicada, y la segunda carta, la que vamos a comentar a continuación, fue escrita dos días después, el 6 de mayo, pero en esta ocasión para que fuese mantenida en secreto: “Os escribo y envío esta secreta que será para vos solo, y así la tendréis secreta y debajo de vuestra llave sin que vuestra mujer ni otra persona la vea”, ya que en ella el monarca dará a su hijo, como veremos, información sobre las fortalezas y debilidades de sus ministros y personas de confianza.



Se trata de un texto de género epistolar y de carácter histórico de suma importancia.

El texto de Carlos V se divide en tres partes, que resumiré y comentaré a continuación:

I.- En esta primera parte, ante su marcha a un viaje del que no sabe si volverá, Carlos V se lamenta de dejar a su hijo unas tierras con una economía en un estado preocupante: “…el pesar que tengo de haber puesto los Reinos y señoríos que os tengo de dejar en extrema necesidad”. Efectivamente, en estos momentos la Corona tenía grandes dificultades para financiarse, y la situación económica y social no era la idónea: “A pesar de la abundancia de recursos castellana, la magnitud de los ambiciosos proyectos del emperador, la mala gestión económica, en general, y la incapacidad para canalizar adecuadamente los metales preciosos procedentes de América hacia la economía productiva, condujeron al endeudamiento y a la primera suspensión de pagos española en 1557, bajo el reinado de Felipe II”[1]

Además, la preocupación del monarca ante el viaje que va a realizar se hace patente en estas líneas: “…voy a cosa tan incierta que no sé qué fruto se seguirá de él, porque el tiempo está muy adelante y el dinero poco y el enemigo avisado y apercibido”.
Por si fuera poco, la situación militar también era complicada: “…y para disminuir sus fuerzas (refiriéndose al rey de Francia) pensaba hacer entrar al duque de Alba por el Languedoc,…, y por alta mar con las galeras trabajar la Provenza,…, pero por ahora esto no se puede hacer, así por no haber las vituallas necesarias como por falta de dineros,…, y también porque hasta saber qué hará el Turco no tengo mis galeras libres”. Carlos V emprende un viaje con final incierto y deja a su hijo una herencia difícil de gestionar.

II.- En esta segunda parte, Carlos V previene a su hijo sobre los criados de la Corte: “Ya se os acordará de lo que os dije de las pasiones, parcialidades y casi bandos que se hacían o están hechos entre mis criados”, y le indica las personas en las que puede confiar o desconfiar, en cada caso, por ejemplo: “Por esta causa he nombrado al cardenal de Toledo, Presidente y Cobos para que os aconsejéis de ellos en las cosas de gobierno”. El cardenal de Toledo y Cobos son personas de la mayor confianza de Carlos V, sin embargo, aconseja a su hijo: “…no os pongáis en sus manos solas ni ahora ni en ningún tiempo ni de ningún otro, antes tratad los negocios con muchos y no os atéis ni obliguéis a uno solo, porque aunque es más descansado, no conviene”.
Carlos V informa a su hijo a continuación de las virtudes, pero también de las incapacidades de cada uno de ellos: “A Cobos le tengo por fiel, hasta ahora ha tenido poca pasión, ahora paréceme que no le falta, no es tan gran trabajador como solía. La edad y la dolencia lo causan, bien creo que la mujer le fatiga.”, y le previene sobre otros: “El Duque de Alba quisiera entrar con ellos, y creo no fuera de bando sino del que le conviniera. Y por ser cosa del gobierno del Reino donde no es bien que entren grandes no lo quise admitir, de que no quedó poco agraviado”.
Aunque el monarca opina que Cobos “para lo de la Hacienda es un gran oficial”, y su confianza en él es absoluta, sin embargo: “En esto de la Hacienda no conviene que sea solo, como lo tengo dicho, y por eso me parece que no podríades darla a otro ni a quien más os conviniese que a don Juan Zúñiga”. 
Algunos de los consejos que Carlos V da a su hijo no tienen desperdicio, y van más allá de lo profesional, entrando en cuestiones privadas de sus súbditos: “…basta que unos pequeños presentes que hacen a su mujer le infame (en referencia a Cobos)”, lo que habla del monarca como un gobernante que vigila a las personas que tiene alrededor.
A continuación Carlos V previene a su hijo sobre otros, en los que no tiene la misma confianza que tiene en Cobos y en el cardenal de Toledo: “Y esto es la una cosa que tiene, que es un poco de codicia (refiriéndose a don Juan)”; “Al obispo de Cartagena todos lo conocemos por muy buen hombre; cierto que no ha sido ni es el que más os conviene para vuestro estudio”; “No hablo en lo del cardenal de Sevilla, porque él está ya tal, que estaría mejor en su iglesia que en la Corte”.
Finalmente, Carlos V le habla a su hijo sobre Granvela, que también es una persona de su máxima confianza: “…yo estoy en lo cierto que no hay persona que mejor los entiende que ni más generalmente y particularmente los haya tratado que Granvela, y él me ha muy bien servido y sirve en ellos”.

III.- En esta tercera parte, Carlos V aconseja a su hijo, de forma más personal, sobre la forma en la que debe gobernar, siempre encomendándose a Dios: “En estas dudas siempre os atened a lo más seguro, que es a Dios y no curéis de lo otro”.

Al terminar la carta, como postdata, Carlos V advierte a su hijo de la importancia de mantener esta carta en secreto: “Por eso os encomiendo mucho que en esto vea yo vuestra cordura y secreto, y que de ninguno sea vista ni aún de vuestra mujer”.

Además de la información que nos aporta personalmente Carlos V sobre las dificultades de su reinado, este texto va mucho más allá, porque en él podemos conocer, entre líneas, al monarca y, aunque desde un punto de vista muy personal, a las personas que estaban más cerca de él y en las que depositó su confianza (Cobos, el cardenal de Toledo, don Juan Zúñiga, Granvela,…). Llama la atención el alto grado de conocimiento que tuvo el monarca de estas personas, no solamente de sus habilidades profesionales, sino también de sus esposas, sus hijos, sus amigos, su codicia, sus problemas de alcoba, sus miedos,…

En la carta, por tratarse de una carta personal y para mantenerla en secreto, Carlos V llega a confesarle a su hijo, de forma totalmente sincera, sus dudas ante los problemas que le surten en el día a día de su reinado: “las que debería están tan oscuras y dudosas que no sé cómo decirlas ni qué os llevo de aconsejar sobre ellas, porque están llenas de confusiones y contradicciones”.

Se trata de un documento excepcional, que nos permite ver desde los ojos del monarca las dificultades de su reinado, las personas de su confianza, e incluso, sus miedos.





[1] José Mª López Jiménez, Economía y finanzas en el siglo XVI: La visión de Ramón Carande en “Carlos V y sus banqueros”, Publicado en la revista digital Extoikos, Sección Pensamiento Económico, pág. 35-42 (Dialnet).




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lunes, 12 de diciembre de 2016

LA REPRESENTACIÓN DE LOS "SALVAJES"

INTRODUCCIÓN.

Comenzaré por hacer una breve introducción sobre la representación de los “salvajes” (sociedades primitivas o en un estadio de civilización anterior) a lo largo de la historia, así como de la ideología, es decir, las ideas y los valores, con que la sociedad ha conocido a estos “salvajes” en diferentes épocas y la representación que de ellos se ha hecho en el cine, así como el camino que seguirá la Antropología en sus inicios.


Desde la Antigüedad, la representación de los hombres primitivos no ha sido homogénea, sino que ha dependido en cada momento histórico de la ideología de la sociedad contemporánea correspondiente y, de esta forma, la imagen que hemos tenido de ellos a lo largo del tiempo ha pasado por tener diferentes concepciones: seres en estadios de civilización anteriores, seres en estado casi animal, seres desnudos o sin casa, curiosos vecinos de los colonos, etc.
Cuando hablamos de ideología nos referimos, principalmente, al conjunto de ideas y valores con los que esa sociedad ha conocido a los “salvajes”, es decir, los ojos con los que ha analizado sus costumbres, su forma de organizarse, su religiosidad, su alimentación,… Por desgracia, en muchas ocasiones esta ideología ha estado impregnada de los prejuicios existentes en la sociedad contemporánea correspondiente.
De entre los diferentes modelos de representación de los salvajes, la antropología heredaría dos de ellos: el modelo de perplejidad y el modelo de razón.
Modelo de perplejidad: este modelo de representación aparece o, mejor, irrumpe a partir del descubrimiento de América. Cuando los colonos conocen a los nuevos pueblos colonizados y sus costumbres, no pueden salir de su perplejidad y de su asombro. Para la sociedad de la época, educada en los valores de la cultura greco-latina y en la religión católica, el descubrimiento de los nuevos pueblos “salvajes” y, por qué no decirlo, de nuevas creencias, nuevas edificaciones, nuevos animales, nuevas plantas,…, supuso un golpe difícil de asimilar y de clasificar en su mentalidad.
Modelo de razón: este modelo de representación aparece en la Ilustración. La nueva mentalidad, basada en la razón como característica genuinamente humana, considera que los “salvajes” se encuentran en un estado de naturaleza, es decir, en un estado, que podríamos llamar pre-humano, ausente de razón. Los ilustrados diferencian a los seres humanos que viven en las colonias en dos grupos: los que viven en estado de “naturaleza”, y los que viven en un estadio cultural anterior, es decir, atrasado.
Más tarde, la Antropología y el cine, que comenzaron a caminar en las mismas fechas, establecieron una relación paralela en la representación de la diversidad cultural.
El campo de estudio de la Antropología quedó circunscrito a las sociedades primitivas que, aunque se iban reduciendo conforme se producía la expansión colonial, siempre aportaban curiosidades que en unos casos servían para la añoranza ideológica y en otros para justificar el rechazo ideológico.
Sin embargo, en un principio el estudio de las sociedades primitivas por parte de la Antropología se hizo considerando la diversidad como algo estático, sin tener en cuenta que se trataba en realidad de un proceso dinámico.
El afán por recoger datos de los pueblos primitivos antes de que éstos se extinguiesen con la llegada de la civilización, produjo que se llevasen a cabo multitud de fotografías y grabaciones, lo que ahora permite disponer de una gran fuente de datos, lo que ahora conocemos como antropología visual.
Sin embargo, esta especialidad partía de un error: considerar que las manifestaciones culturales se pueden registrar objetivamente mediante tecnologías audiovisuales y, como nos podemos imaginar, no es así. Por este motivo, la antropología visual y, especialmente, las películas etnográficas, están impregnadas de ese tinte de subjetividad del autor que hace difícil reconocer y distinguir la realidad de la ficción.
Esta obsesión por documentar la pureza de los pueblos primitivos, llevaría a verlos desde una perspectiva exótica, pero desde dos puntos de vista muy diferentes: por un lado, el noble salvaje, y, por otro lado, el bárbaro salvaje. Sin embargo, estas dos facetas, que nos pueden parecer antagónicas, no eran ni mucho menos incompatibles.
El noble salvaje practica la vida sencilla, vive en un estado de naturaleza y conforme a ella, sin leyes, sin religión, sin diferencias de clases; mientras tanto, el bárbaro salvaje vive en la irracionalidad, en un estado de salvajismo y barbarie que ya ha sido superado por la civilización. En estas circunstancias, a principios del siglo XX, Hollywood retrataba a los indios en los western como verdaderos salvajes.
Sin embargo, esta visión cambió radicalmente a partir de la segunda mitad siglo XX debido a las circunstancias internas de los Estados Unidos, la guerra de Vietnam, etc., lo que produjo que la ideología de la sociedad hacia el salvaje cambiase y a partir de este momento se viese a los indios como buenos salvajes, hospitalarios, leales,…, frente a la depravada e inmoral sociedad occidental.
Este cambio en la ideología hacia el salvaje, antes bárbaro salvaje y ahora noble salvaje, no significa que Hollywood estuviese transmitiendo una versión real del salvaje, ya que tanto la una como la otra (la bárbara y la noble), eran dos versiones sesgadas de la realidad, adaptadas a lo que la sociedad estadounidense necesitaba en cada momento.
Por  lo tanto, podemos concluir, sin lugar a dudas, que el sistema social en el que se desarrollan estas películas influye de forma determinante en el resultado, es decir, en la forma en que serán retratados los salvajes, sea en su versión noble o sea en su versión bárbara.

LAS SOCIEDADES PRIMITIVAS Y LAS SOCIEDADES POSTMODERNAS.

Como se ha visto, el concepto de sociedades primitivas, llamadas “salvajes, ha estado desde la Antigüedad al servicio de las sociedades contemporáneas correspondientes:

El salvaje guarda celosamente un secreto, durante muchos siglos ha sido el guardián de arcanos desconocidos: posee las claves de la tragedia, oculta los misterios del cosmos, sabe escuchar el silencio y puede descifrar el fragor de la naturaleza. El salvaje ha sido creado para responder a las preguntas del hombre civilizado; para señalarle, en nombre de la unidad del cosmos y de la naturaleza, la sinrazón de su vida; para hacerle sentir trágicamente el terrible peso de su individualidad y soledad... El salvaje es una de las claves de la cultura occidental. Roger Bartra (El salvaje en el espejo, 1992).

Entonces, tal y como manifiesta Bartra en el texto anterior, ¿el “salvaje” es una creación del hombre civilizado?
Es evidente que el “salvaje” o, más bien, las sociedades primitivas, como también las sociedades que se encuentran en un estadio de civilización anterior, han existido siempre, sin embargo, el término “salvaje” lleva consigo otras connotaciones que posiblemente sirvieron al hombre más civilizado para mirarse en ese espejo, tanto para añorar el estado de naturaleza, como para rechazarlo.
Las sociedades más civilizadas de la modernidad, educadas en la cultura greco-latina y la religión católica, vieron en un principio a estas sociedades primitivas como “salvajes”, sin embargo, cuando se dieron cuenta de que esas sociedades podrían ser evangelizadas, al igual que la suya, cambiaron de opinión y comenzaron a verlas como una oportunidad de evangelización.
Por lo que parece, las diferencias entre una y otra sociedad, la primitiva y la postmoderna, parece que no eran tantas ni tan grandes.
Entonces, ¿no son tan diferentes las sociedades primitivas de las sociedades postmodernas?
Desde luego, parece que no hay tantas diferencias, aunque es cierto que las sociedades primitivas han servido a las sociedades postmodernas para mirarse en ellas, como ya se ha dicho, desde diferentes puntos de vista. Ya en el siglo XVI, recién descubierto el Nuevo Mundo, Erasmo de Rotterdam, en “Elogio de la locura” y Tomás Moro, en “Utopía”, y, posteriormente, en el siglo XVII, Baltasar Gracián, en “El criticón” y Thomas Hobbes en “Leviatán”, trataron al “salvaje” como bárbaro. Sin embargo, a partir de la Ilustración, autores como John Locke y, sobre todo, Jean Jacques Rousseau, vieron al “salvaje” como nobles seres humanos: 

El “buen salvaje” vagaba por la naturaleza, carente de domicilio y en paz con sus semejantes hasta que las terribles desigualdades que hubo de afrontar como consecuencia de la vida en sociedad, “del dominio del hombre por el hombre”, despertaron en él su notable perversidad.  Jean Jacques Rousseau (Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres, 1755).

Como vemos, Rousseau utiliza al “salvaje” para criticar la vida en sociedad que, en su opinión, había despertado en el ser humano sentimientos perversos, que no existían en el estado de naturaleza, en la vida antes de la sociedad, es decir, en la vida “salvaje”.
Es evidente que existen semejanzas entre la sociedad primitiva y la sociedad postmoderna ya que, al fin y al cabo, se trata de sociedades en diferente estadio de civilización, sin embargo, sería conveniente hacer varias consideraciones al respecto.
Es cierto que las sociedades primitivas, llamadas “salvajes”, han sido a lo largo de la historia tomadas como referente para, por una parte, elogiar la vida anterior a la sociedad, y, por otra parte, rechazar la vida más puramente asocial y, en consecuencia, no civilizada. Sin embargo, esto no quiere decir que la sociedad primitiva haya sido considerada de diferente forma en diferentes épocas, sino que, tanto cuando se la ha tratado como “salvaje bárbaro”, como cuando se la ha tratado como “salvaje noble”, en ambos casos ha sido considerada desde un punto de vista de superioridad, es decir, la mentalidad y los prejuicios han sido los mismos en ambos casos.

CONCLUSIÓN.

Las sociedades postmodernas son semejantes a las primitivas porque, aunque éstas últimas se encuentren en un estadio de civilización anterior, los seres humanos continúan teniendo los mismos miedos, los mismos anhelos, los mismos sentimientos y los mismos deseos que las sociedades postmodernas. Las diferencias entre ambas sociedades radican, principalmente, en la forma de relacionarse los seres humanos en cada una de ellas.
Como ya se ha dicho, la perplejidad y asombro que causaron las sociedades primitivas en los occidentales se refiere principalmente a cuestiones de mentalidad: la forma de vestir, las creencias, la forma de vida, el trabajo,…, pero en el fondo, estas sociedades primitivas no eran tan diferentes a las postmodernas.
También se ha dicho que las sociedades postmodernas siempre han tratado a las primitivas como inferiores, un prejuicio que podríamos decir sigue vivo en la actualidad.
Por ello, es de vital importancia para la humanidad adoctrinar a las nuevas generaciones en la igualdad con cualquier otra sociedad, se encuentre en un estadio de civilización u otro, huyendo de prejuicios primitivos que ya no deberían tener cabida en nuestra sociedad, aunque, como vemos diariamente en los informativos, todavía queda mucho por hacer.

Finalizaré este ensayo con una frase muy apropiada de la filósofa Ayn Rand, con la que creo que podríamos estar bastante de acuerdo:


La civilización es el progreso hacia una sociedad de privacidad. Toda la existencia del salvaje es pública, regido por las leyes de su tribu. La civilización es el proceso de liberar al hombre de los hombres. Ayn Rand.

EL PAPEL DE LAS CÁRCELES EN LA SOCIEDAD

INTRODUCCIÓN.

Comenzaré por hacer una breve introducción sobre la desviación que se produce a veces en los individuos de una sociedad y el control social que llevan a cabo las sociedades para prevenir o evitar estos actos desviados que, en ocasiones, son considerados actos delictivos.



*  Desviación.
En nuestra sociedad, cuando se produce un comportamiento que no es conforme con las normas sociales existentes, decimos que se produce una desviación, es decir, un comportamiento anormal que viola las normas sociales que nos hemos impuesto en nuestro grupo social.
Este comportamiento desviado puede esconder cuestiones de diversa índole, como pueden ser morales, religiosas, políticas,…, y puede depender de varios tipos de factores diferentes: de tiempo (las normas sociales no son estáticas, sino que varían con el tiempo), de lugar (donde ocurre el comportamiento desviado), de sociedad (las normas sociales varían de una sociedad a otra) y de grupo social (las normas sociales también varían de un grupo social a otro).
El comportamiento desviado puede dar lugar a comportamientos delictivos, los que violan las leyes de una sociedad: delito juvenil (los que cometen las personas menores de edad), delito estandarizado (en los que hay una persona que realiza la acción delictiva y otra que la sufre), delito de guante blanco (son los cometidos por la clase media alta) y delito sin víctima (en éstos delitos, el criminal es la única víctima), y no delictivos: alcoholismo (se produce en personas que no pueden controlar el consumo de alcohol), enfermedades mentales (se produce en personas con problemas mentales, que por este motivo no pueden tener un comportamiento ordenado y racional),….
Para explicar un comportamiento desviado, existen teorías que ponen el foco sobre el propio individuo, son las teorías formalizadas de la desviación, y teorías que ponen el foco sobre la sociedad, son las teorías de la desviación centradas en la sociedad.
Entre las primeras, las que ponen el foco en el individuo, se encuentran las que dan una explicación biológica a la desviación (se produce por desórdenes mentales en el pensamiento de la persona desviada) y las que le dan una explicación psicológica (se produce porque la persona desviada no ha interiorizado adecuadamente los valores sociales).
Entre las segundas, las que ponen el foco en la sociedad, se encuentran las siguientes: teoría de la asociación diferencial (se produce la desviación por asociarse con otras personas desviadas), de la subcultura desviada (se produce en subculturas que no han podido alcanzar el éxito con los estándares de la cultura dominante), del etiquetaje (la desviación es una etiqueta social, que emerge de los miembros de un grupo social), de la anomia (la desviación es una falta de referentes, en donde el actor social se encuentra totalmente perdido), del conflicto social (se produce cuando ciertas necesidades individuales acaban derivando en un comportamiento desviado), radical (explica el comportamiento delictivo cuando se hace necesario establecer una ley irracional para que las personas busquen otras formas de delinquir) y las perspectivas postmodernistas de la desviación (las prisiones son más humanas en comparación con las del pasado).
Podemos decir que un acto desviado tiene la consideración de acto criminal cuando se violan las normas de la sociedad. Sin embargo, como hemos dicho anteriormente, estos actos tienen consideraciones diferentes, tanto en el tiempo como en el espacio y, además, también existen grandes diferencias entre las clases sociales y las razas.
Los actos criminales podemos clasificarlos en crimen convencional (son los crímenes violentos, los que conllevan el uso de la fuerza o la amenaza), crimen contra la propiedad (son los robos y su objetivo es la obtención de dinero u otro tipo de deseo crematístico), crimen corporativo (son los cometidos por grandes corporaciones u organizaciones), crimen organizado (son los cometidos por grupos organizados, como los grupos mafiosos, entre los que se encuentran el tráfico de drogas, el contrabando de armas, el blanqueo de dinero, la prostitución, el juego ilegal,…), crimen político (son los cometidos con el objetivo de usurpar el poder), crimen internacional (se produce cuando el crimen traspasa las fronteras nacionales) y el cibercrimen (se produce cuando se utilizan ordenados u otros elementos tecnológicos para llevar a cabo actos terroristas).
*  Control social.
Por control social entendemos el mecanismo que sirve a la sociedad para asegurar que las personas actúen conforme a las normas y reglas sociales existentes que, en muchos casos, están amparadas por leyes.
Cohen lo definía como: “Aquella respuesta colectiva al crimen, delincuencia y otras formas de acciones desviadas y comportamientos sociales problemáticos, los cuales son concebidos como tal, tanto en sentido negativo (después de que un acto ha sido localizado o un individuo identificado) como en sentido positivo de prevenir el acto”.
Es importante diferenciar control social de orden social, que son las condiciones de existencia de una sociedad, es decir, la configuración que tiene dicha sociedad.
En el control social podemos distinguir dos procesos básicos: la internalización de las normas del grupo (lo que favorece la conformidad a través de la socialización) y la reacción social (influye en la conformidad a través de presiones externas en forma de sanciones).
Existen varios tipos de controles sociales: control informal (son los mecanismos y prácticas ordinarias que ejerce el grupo sobre el individuo), control formal (conlleva la activación de un sistema organizado de agentes especializados y de la organización, entre los que se encuentran, entre otros, el control médico y el control legal).
La mayoría de los sociólogos opina que la socialización es el mejor mecanismo de control social y que, por lo tanto,  mejor instrumento de control es el control informal.
Sin embargo, la realidad es que el temor al riesgo social y económico está haciendo que en la actualidad esté proliferando un exceso de control del Estado sobre los comportamientos antisociales (cámaras de vigilancia, vigilantes en las puertas,…), es decir, se está produciendo un control excesivo, marcado por la ausencia de pautas de internalización de los valores sociales.

LAS CÁRCELES, ¿INTEGRACIÓN O EXCLUSIÓN?

Sin embargo, a pesar de todo el control que se está ejerciendo por parte del Estado, no parece que las medidas que se están tomando a la hora de integrar a las personas que han cometido actos delictivos estén siendo las adecuadas ni que estén dando lso resultados esperados:

El centro penitenciario concentra la condición paradójica de pretender ser un espacio de castigo por la reclusión en el momento presente del interno y, además, un espacio de reeducación en el futuro del recluso (cfr. Matthews, 2003). Esta contradicción obliga al saber pedagógico a matizar mejor las posibilidades educativas de los sujetos y de las instituciones penitenciarias. Fernando Gil Cantero (La acción pedagógica en las prisiones. Posibilidades y límites, 2010).

Por lo tanto, como dice Gil Cantero en el texto anterior, procede tomar medidas que favorezcan la pedagogía, con la intención de evitar que la cárcel se convierta, exclusivamente, en un lugar de internamiento o exclusión del delincuente sin posibilidad de readaptación. Se hace necesario, por tanto, lograr que la cárcel se parezca más a un Centro de Enseñanza que a un Centro de Reclusión, en el que los delincuentes puedan ser debidamente reeducados por profesores y pedagogos para que puedan volver a integrase en la sociedad, aunque sea de forma progresiva, lo que favorecerá, a largo plazo, a la propia sociedad:

Puede que la mirada pedagógica sea más costosa pero indudablemente, a largo plazo, beneficia más al sujeto y a la comunidad porque en sí misma favorece la prevención del delito basada en el compromiso personal del auténtico cambio del delincuente. Fernando Gil Cantero (La acción pedagógica en las prisiones. Posibilidades y límites, 2010).

Se trata realmente de una “inversión” humanizadora cuyos resultados beneficiarán, a largo plazo, no sólo al delincuente, sino también a toda la sociedad. Por consiguiente, es necesario humanizar, tanto el castigo, como al propio delincuente:

Esta es una de las vías que está provocando convertir los espacios de reclusión en espacios de entretenimiento.  A nuestro juicio, lo que hay que humanizar es al sujeto y no sólo al castigo. Pero para ello hay que creer en sus posibilidades de cambio. Fernando Gil Cantero (La acción pedagógica en las prisiones. Posibilidades y límites, 2010).  

Es muy importante que las personas que se hagan cargo de la reeducación de los delincuentes sean profesionales de la educación y que, además, tengan una alta formación en centros penitenciarios, ya que estos formadores tienen que ganarse la confianza de los delincuentes, empatizar con ellos, ofrecerles su ayuda,…, y esta actividad sólo pueden realizarla profesionales de la formación debidamente cualificados.
El problema, como vemos, puede ser en parte económico, ya que humanizar los centros penitenciarios y profesionalizar a los educadores debe suponer un alto coste, pero también se trata de un problema de mentalidad y, por qué no decirlo, de prejuicios por parte de la sociedad hacia los delincuentes, que más que verlos como personas, los ve como problemas que hay que apartar, o mejor, esconder en un lugar alejado, en este caso, la prisión.

CONCLUSIÓN.

Como conclusión, podríamos decir que las actuales cárceles no son adecuadas para la reeducación, readaptación y finalmente reinserción de los delincuentes en la sociedad, sino que más bien son meros centros donde esconderlos y, preferiblemente, deben tener su ubicación lo más alejada posible de la vida social.
Es cierto que actualmente se está intentando humanizar los castigos, pero esto no es suficiente, también es necesario humanizar, o mejor, rehumanizar al delincuente.
Además se hace necesario profesionalizar la reeducación del delincuente, entregándola a profesionales de la educación debidamente formados y capacitados para esta tarea.
Como ya he argumentado anteriormente, aunque estas medidas sean costosas, hay que verlo como una “inversión” humanizadora que, a largo plazo, generará grandes beneficios a las sociedades futuras, pero para empezar a trabajar en esta línea es necesario primeramente que nos desprendamos de ciertos prejuicios que nos impiden ver a los delincuentes como lo que realmente son: seres humanos.

Finalizaré este ensayo con una frase muy apropiada de Nelson Mandela que, como sabemos, aprovechó el tiempo que estuvo en la cárcel para aprender y mejorar como persona:


Un hombre que le arrebata la libertad a otro es un prisionero del odio, está encerrado tras los barrotes del prejuicio y de la estrechez mental. Nelson Mandela.