viernes, 22 de enero de 2016

PASCAL: DE LA RAZÓN Y DEL CORAZÓN

INTRODUCCIÓN:

El concepto del conocimiento, del conocimiento de Dios, es fundamental en la filosofía de Pascal, porque a partir de esta idea cimenta todo su pensamiento filosófico. Para Pascal, Dios no se puede conocer mediante la razón, sino mediante la fe, mediante el corazón, “El corazón tiene razones que la razón no conoce”. Por ello en las páginas siguientes analizaré en detalle su obra maestra, Pensamientos, en la que Pascal trata de demostrar la existencia de Dios, pero no mediante la razón exclusivamente, como lo habían hecho sus antecesores (Descartes, Spinoza o Leibniz) sino utilizando para ello también el corazón.


Antes de comenzar esta exposición es relevante señalar que Blaise Pascal (1623-1662), es un filósofo, físico y matemático francés. Genio precoz y de clara inteligencia, su entusiasmo juvenil por la ciencia se materializó en importantes y precursoras aportaciones a la física y a las matemáticas. En su madurez, sin embargo, se aproximó al jansenismo y, frente al racionalismo imperante, emprendió la formulación de una filosofía de signo cristiano (truncada por su prematuro fallecimiento), en la que sobresalen especialmente sus reflexiones sobre la condición humana, de la que supo apreciar tanto su grandiosa dignidad como su mísera insignificancia. Entre 1656 y 1657 publicó anónimamente sus Provinciales, conjunto de dieciocho cartas en las que defendió el jansenismo de los ataques de los jesuitas.
El éxito de las cartas lo llevó a proyectar una apología de la religión cristiana, pero el deterioro de su salud a partir de 1658 frustró el proyecto y sus notas dispersas quedaron más tarde recogidas en sus famosos Pensamientos (Pensées sur la religion et sur quelques autres sujets, 1669). Aunque Pascal rechazó siempre la posibilidad de establecer pruebas racionales de la existencia de Dios, cuya infinitud consideró inabarcable para la razón, admitió no obstante que esta última podía preparar el camino de la fe para combatir el escepticismo.
Así, el sentido común nos indica que lo más lógico es obrar como si Dios existiera, pues el beneficio que podemos obtener es infinitamente superior a toda posible pérdida. La famosa apuesta de Pascal analiza la creencia en Dios en términos de apuesta sobre su existencia: creyendo en Dios y observando una conducta virtuosa podemos ganar la vida eterna; si el hombre cree y finalmente Dios no existe, nada se pierde en realidad. Pero, por más que razonemos, sólo se llega a la fe a través del corazón, del sentimiento, en una iluminación súbita que escapa a cualquier intento de razonamiento lógico.

EL PUNTO DE PARTIDA: LA RAZÓN Y EL CONOCIMIENTO DE DIOS.

Aunque Pensamientos es una recopilación inacabada de los pensamientos de Pascal sobre diferentes cuestiones, sin embargo, se puede apreciar desde el principio el problema con el que se va a encontrar el filósofo.
Pascal comienza Pensamientos explicando la diferencia entre el espíritu de finura (sensaciones) y el espíritu de geometría (razón), llegando a plantearse: “Es preciso ver súbitamente la cosa de un solo golpe de vista, y no con un razonamiento progresivo, por lo menos en una cierta medida. Y acontece raramente, por esto, que los geómetras quieren tratar geométricamente estas cosas finas, y resultan ridículos intentando comenzar con definiciones siguiendo por los principios, cosa improcedente en esta suerte de razonamientos” (Pensamientos).
Pascal se da cuenta de que el problema para explicar la existencia de Dios está en la forma del conocimiento del ser humano y buscando una explicación a esta cuestión plantea la existencia de tres tipos de conocimiento:
El primer conocimiento pertenece al ámbito de la teología y tiene como objeto las verdades de fe reveladas. Este conocimiento se rige por el Principio de Autoridad.
El segundo conocimiento pertenece al ámbito de las ciencias modernas y tiene como objeto las verdades humanas. Este conocimiento se rige por el razonamiento y la experiencia humanos.
El tercer conocimiento es el propio del corazón. Este conocimiento no se rige ni por el Principio de Autoridad ni por el razonamiento y la experiencia humanos.
Es decir, existe un tercer conocimiento que permite al ser humano conocer a Dios mediante el corazón, mediante los sentimientos.
Sin embargo, para Pascal la razón también es necesaria: “Hay que saber dudar donde es necesario, aseverar donde es necesario, sometiéndose donde es necesario. Quien no lo hace no escucha la fuerza de la razón. Sumisión es uso de la razón, en lo que consiste el verdadero cristianismo” (Pensamientos). Es decir, con la razón el ser humano puede comprender que no todo se comprende con la razón, que no todo se explica con la razón, que no todo se puede pasar por el filtro de la razón.
Pascal es consciente de la pequeñez del ser humano, de su imperfección, de su finitud: “El hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza, pero es una caña pensante. No hace falta que el universo entero se arme para aplastarlo: un vapor, una gota de agua bastan para matarlo” (Pensamientos).
Sin embargo, valora enormemente la razón del ser humano, el ser humano pensante: “Pero aún cuando el universo le aplastara, el hombre sería todavía más noble que lo que le mata, porque sabe que muere y lo que el universo tiene de ventaja sobre él; el universo no sabe nada de esto” (Pensamientos). El pensamiento permite al hombre conocer su realidad, saber cuáles son sus limitaciones, su finitud…
Pascal, en línea con el dualismo anterior que propuso, entre otros, Descartes, llegará a decir: “Instinto y razón, nota de dos naturalezas”. Es decir, ve al ser humano compuesto de dos naturalezas, pero no de cuerpo y alma, sino de la razón (pensamiento) y del instinto (corazón), donde la razón (pensamiento) está por encima del todo lo demás, llegando a manifestar: “El pensamiento es la grandeza del hombre”.
Pascal, no obstante, continúa siendo un racionalista y lo demuestra constantemente en su obra: “Toda nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento. Por aquí hemos de levantarnos, y no por el espacio y la duración que no podemos llenar. Trabajemos, pues, en pensar bien: he aquí el principio de la moral” (Pensamientos). Es decir, la razón está al servicio de la moral y finalmente al servicio de la fe.
No obstante, para Pascal el uso de la razón no es suficiente para convencer a los ateos de la existencia de Dios, porque para conocer a Dios no es suficiente con la razón, por ello recomienda no perder demasiado tiempo, o mejor ninguno, intentado convencer a los ateos sólo con la razón: “Y por eso no intentaré aquí probar, por razones naturales, o la existencia de Dios, o la Trinidad, o la inmortalidad del alma, ni ninguna de las cosas de esta índole; no solamente porque no me sentiría bastante fuerte para encontrar la naturaleza con qué convencer a los ateos endurecidos, sino también porque este conocimiento sin Jesucristo, es inútil y estéril” (Pensamientos).
En su intento por convencer a los ateos, sin utilizar la razón, Pascal llega a plantearse la siguiente apuesta: “Examinemos, pues, este punto, y digamos: Dios existe o no existe. ¿A qué respuesta nos inclinaremos? La razón nada puede decidir en esto. Hay un caos infinito que nos separa. Un juego se está jugando a tal infinita distancia; saldrá cara o cruz. ¿Por cuál apostaréis? La razón nada os dice; por la razón ninguna de las dos soluciones puede ser defendida. No censuraréis, pues, por equivocados, a aquellos que han realizado su elección; porque vosotros no sabéis nada. No; pero yo les censuro no por lo que han escogido, sino por haber hecho una elección; porque aunque tanto el que dice cara como el que dice cruz estén en falta equivalente, los dos están en falta: lo razonable es no apostar.  Sí, pero es fuerza apostar; esto no es voluntario; y estáis embarcados; en no apostar que hay Dios es apostar que no hay Dios. ¿Qué partido tomaréis, pues? Veamos, puesto que es fuerza escoger, veamos qué es lo que nos interesa menos: tenéis dos cosas que perder, la verdad y el bien y dos cosas que dar en prenda, vuestra razón y vuestra voluntad, vuestro conocimiento y vuestra beatitud; y vuestra naturaleza tiene que temer dos cosas: el error y la miseria. Vuestra razón no es ni más ni menos lastimada, puesto que es necesario escoger, escogiendo la una más bien que la otra cosa”.
Para Pascal no es tan importante demostrar racionalmente la existencia de Dios, sino llegar a la conclusión de que la existencia de Dios es más favorable que su no existencia.

LA SOLUCIÓN: EL CORAZÓN.

Como resultado de todo este trabajo de argumentación y demostración, Pascal llega a varias conclusiones:
Por una parte, concluye que la única manera de llegar al conocimiento de Dios es con el corazón, es decir, con la intuición, con los sentimientos: “El corazón tiene razones que la razón no conoce. Se sabe esto en mil cosas. Yo digo que el corazón ama naturalmente el ser universal, y se ama naturalmente a sí mismo, en la medida que se entrega; se endurece contra el uno o contra el otro a su antojo. Habéis rechazado lo uno y conservado lo otro, ¿es que os amáis por razón?” (Pensamientos).
Y añade: “Es el corazón quien siente a Dios, y no la razón. Esto es lo que es la fe: Dios sensible al corazón, no a la razón” (Pensamientos).
Por lo tanto, la razón no es suficiente porque no podemos explicar a Dios con la razón. Existen dos formas principales de conocimiento: la razón y el corazón; con la razón conocemos las verdades demostrables, las que podemos explicar con la razón; y con el corazón conocemos las verdades que son los principios de nuestra vida, como Dios, el alma, la Santísima Trinidad,…: “Conocemos la verdad, no solamente por la razón, sino también por el corazón; de esta segunda manera es como conocemos los primeros principios, y es inútil que el razonamiento, que no tiene parte en ello, trate de combatirlos” (Pensamientos).

CONCLUSIÓN:

Podríamos decir que Pascal es un filósofo que, tomando como referencia el pensamiento racionalista, va más allá que sus antecesores en su concepción del conocimiento de la realidad
Para Pascal el corazón y la razón son dos formas de conocimiento, pero en realidad son dos formas de conocimiento de realidades también diferentes. La razón y el corazón se encuentran en una misma naturaleza, la naturaleza humana, pero en diferentes dimensiones, en planos distintos, por lo que conocen verdades o realidades diferentes: “Y es tan inútil y ridículo que la razón pida al corazón pruebas de sus primeros principios, para poder asentir a ellos, como lo sería que el corazón pidiera a la razón un sentimiento de todas las proposiciones que demuestra, para querer recibirlas” (Principios).
Pascal, que no deja nunca de utilizar la razón, plantea una novedad en el pensamiento racionalista con respecto al pensamiento que le precedió: hay verdades que se conocen con la razón y otras que se conocen con el corazón, es decir, no todo se puede pasar por el filtro de la razón porque hay existencias o verdades que no tienen una explicación racional o, al menos, a las que todavía no podemos dar una explicación racional.
La cuestión que plantea Pascal no puede dejarnos indiferentes, porque no se trata de una cuestión tanto religiosa, como filosófica que a día de hoy sigue sin resolverse. Si intentamos ver el pensamiento de Pascal como un pensamiento influido exclusivamente por la religiosidad y producto de ella, nos equivocaremos y no llegaremos a entenderlo. En realidad, Pascal utiliza la razón, como hicieron sus antecesores, pero añade una cuestión novedosa, una cuestión que, al menos, nos sirve para dar una explicación a ciertas cuestiones que de otra forma serían inexplicables. De hecho, la solución a la que llega Pascal: el conocimiento del corazón, es una solución a la que llega mediante la razón.
Porque, si nos hacemos preguntas como: ¿realmente el corazón puede conocer?, ¿pueden conocer los sentimientos?, cuándo decimos que las personas (algunas) tienen un sexto sentido, ¿estamos hablando de una forma de conocimiento como la que propuso Pascal?, si una persona a la que queremos tienen un problema estando a kilómetros de distancia y nos sobresaltamos inesperadamente, ¿es también una forma de conocimiento?, ¿es otra cosa?, ¿es casualidad?, pero, ¿qué es la casualidad?,…
En fin, se trata de una cuestión apasionante que Pascal resolvió planteando dos formas diferentes de conocimiento: el conocimiento de las verdades físicas, que se pueden explicar mediante la razón, y el conocimiento de las verdades metafísicas, que se pueden explicar mediante el corazón.
Evidentemente, la solución a la que llega Pascal no es matemática, no es geométrica,  pero es una explicación del conocimiento de Dios y, por tanto, de las verdades metafísicas que nos rodean.
No obstante, como ya señalé anteriormente, no se trata solo una cuestión de fe, sino de comprobar razonadamente que la razón, valga la redundancia, es insuficiente para conocer las verdades metafísicas.


Por lo tanto, como hizo Pascal, utilicemos siempre la razón y donde la razón no llegue, siempre nos quedará el corazón…



lunes, 4 de enero de 2016

SPINOZA: DE DIOS, SUSTANCIA Y NATURALEZA

INTRODUCCIÓN:

El concepto de Dios es fundamental en la filosofía de Spinoza, porque a partir de esta idea cimenta todo su pensamiento filosófico. Para Spinoza, Dios es la Sustancia, es la Naturaleza, “Deus, sive Substantia, sive Natura”. Por ello en las páginas siguientes analizaré en detalle la parte primera de su obra maestra, Ética demostrada según el orden geométrico, dedicada a Dios, en la que Spinoza intenta demostrar la existencia de una sola sustancia o naturaleza (monismo), que identifica con Dios.



Es importante señalar en este punto que mientras Descartes llega a Dios utilizando el método cartesiano, sin embargo, Spinoza, utilizando este mismo método, parte de Dios, y lo identifica con la Sustancia, con la Naturaleza. Por lo tanto, para entender el complejo pensamiento de Spinoza debemos hacer un ejercicio de abstracción y hacer una limpieza mental respecto de la idea del Dios medieval e incluso del Dios de Descartes, porque para Spinoza Dios es la Sustancia y es la Naturaleza, pero no es el Dios de la religión, como lo era para Descartes. Por ello, en adelante, con la intención de que no confundamos ambos conceptos, utilizaré la traducción latina de Dios, Deus, para referirme al Dios de Spinoza, y Dios para referirme al Dios tradicional.

Antes de comenzar esta exposición es relevante señalar que Baruch Spinoza (1632-1677), es un filósofo holandés, hijo de judíos españoles emigrados a los Países Bajos. Cursó estudios de teología y comercio y, por la fuerte influencia que ejercieron sobre él los escritos de René Descartes y Thomas Hobbes, se alejó del judaísmo ortodoxo. Su crítica racionalista de la Biblia provocó que fuese excomulgado por los rabinos en 1656, retirándose a las afueras de Amsterdam, como pulidor de lentes. Su filosofía parte de la identificación de Dios con la naturaleza y representa el mayor exponente moderno del panteísmo. Llevó al extremo los principios del racionalismo, y dedujo toda su filosofía de la definición de sustancia como aquello que es en sí mismo y se concibe por sí mismo, “Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, esto es, aquello cuyo concepto, para formarse, no precisa del concepto de otra cosa” (Spinoza, 1675, Ética demostrada según el orden geométrico, Definición III) por lo que sólo puede existir una sustancia, la sustancia divina.

La mente humana conoce sólo dos atributos o manifestaciones de Deus, el entendimiento y la extensión, pero estos atributos deben ser infinitos. Los individuos son a su vez modos, determinaciones concretas, de los atributos. Este monismo radical resuelve el problema cartesiano de la relación entre entendimiento y extensión, pues son sólo formas de manifestación de la sustancia divina, así como el conflicto entre libertad y necesidad, que se identifican desde el punto de vista de Deus, pues es libre en cuanto Natura Naturans (causa) y determinado en cuanto Natura Naturata (efecto).
Spinoza entiende la realidad como un todo único, en el que cada parte remite a la totalidad y en ella encuentran su justificación y fundamento. A esta sustancia única y total la llama “Deus sive Natura” (Deus o Naturaleza).
De entre sus obras se pueden destacar: Breve tratado sobre Dios, el hombre y su felicidad (1660), Tratado teológico-político (1670), y Ética demostrada según el orden geométrico (1675), publicada póstumamente.

El propio título de su obra Ética demostrada según el orden geométrico nos habla de un filósofo racionalista, que utiliza la razón para llegar a la verdad, pero Spinoza va más allá que Descartes y del cartesianismo, lo que se ha llamado post-cartesianismo, y transforma las tres sustancias de Descartes (Res Cogitans, Res Infinita y Res Extensa) en una sola (Deus o Naturaleza); se trata de un pensamiento monista (sólo existe una única sustancia) y panteísta (todo participa de la naturaleza divina).

EL PUNTO DE PARTIDA: DIOS.

Spinoza dedica la parte primera de su Ética demostrada según el orden geométrico a explicar la naturaleza de Deus y sus propiedades, es decir, que existe necesariamente, que es único, que es y obra en virtud de la sola necesidad de su naturaleza, que es causa libre de todas las cosas, que todas las cosas son en él y dependen de él y que todas han sido predeterminadas por él. Para ello, Spinoza utiliza definiciones, axiomas, explicaciones, proposiciones, demostraciones, escolios y corolarios, todo ello para argumentar y demostrar adecuadamente cada una de las propiedades de Deus y llegar, por este camino de la razón, a demostrar la existencia innegable y necesaria de Deus.

Deus, o sea, una sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita, existe necesariamente.” (Spinoza, 1675, Ética demostrada según el orden geométrico, Proposición XI).
Como he dicho antes, el pensamiento de Spinoza parte de la idea de Dios para explicar la realidad y para ello utiliza el sistema cartesiano, geométrico-matemático, de Descartes. No olvidemos que Spinoza es un filósofo racionalista, que utiliza el sistema cartesiano para demostrar la existencia de Dios, con sus infinitos atributos.

“Todo cuanto es, es en Deus, y sin Deus nada puede ser ni concebirse.” (Spinoza, 1675, Ética demostrada según el orden geométrico, Proposición XV).
Para Spinoza, Deus es todo y está en todo (panteísmo), es decir, todo forma parte de él.

De la necesidad de la naturaleza divina deben seguirse infinitas cosas de infinitos modos (esto es, todo lo que puede caer bajo un entendimiento infinito).” (Spinoza, 1675, Ética demostrada según el orden geométrico, Proposición XVI).
Para Spinoza, las diferentes formas en las que se presenta la realidad no son más que diferentes manifestaciones de Deus. Solamente hay una realidad, una sustancia, una naturaleza. Para Spinoza el cuerpo y el alma son también manifestaciones de Deus.

Deus es causa inmanente, pero no transitiva, de todas las cosas.” (Spinoza, 1675, Ética demostrada según el orden geométrico, Proposición XVIII).
Para Spinoza, Deus es causa inmanente de todas las cosas, pero no transitiva, es decir, no existe transferencia entre Deus y las cosas. Esta es una diferencia importante con la filosofía anterior, ya que el Dios tradicional tiene una participación y una interacción importante en las cosas.

Deus no es sólo causa eficiente de las cosas, sino también de su esencia.” (Spinoza, 1675, Ética demostrada según el orden geométrico, Proposición XXV).
Para Spinoza, como ya se ha comentado, Deus es causa, y por lo tanto razón, no sólo de la existencia, sino también de la esencia de todas las cosas, porque Deus comparte la esencia de todas las cosas que son.

Una cosa que ha sido determinada a obrar algo, lo ha sido necesariamente por Deus; y la que no lo ha sido por Deus, no puede determinarse a sí misma a obrar.” (Spinoza, 1675, Ética demostrada según el orden geométrico, Proposición XXVI).
El pensamiento de Spinoza es determinista, lo que significa que todo está determinado a un fin por una causa, Deus. Para Spinoza la libertad humana está influida por la naturaleza que le rodea y por sus propias necesidades.

La voluntad no puede llamarse causa libre, sino sólo causa necesaria.” (Spinoza, 1675, Ética demostrada según el orden geométrico, Proposición XXXII).
Todas las cosas de la naturaleza son determinadas por Deus a existir y a obrar de cierta manera, lo que significa que nuestros actos están, de alguna manera, influenciados por la necesidad a obrar de una manera determinada.

Las cosas no han podido ser producidas por Deus de ninguna otra manera y en ningún otro orden que como lo han sido.” (Spinoza, 1675, Ética demostrada según el orden geométrico, Proposición XXXIII).
Spinoza tiene la convicción de que la existencia de Deus es evidente y queda demostrada suficientemente por él mismo, “quod erat demonstrandum”.
Deus es la perfección y, por lo tanto, la naturaleza, que tiene su misma esencia, también es perfecta.

LA SOLUCIÓN: EL MONISMO PANTEÍSTA.

Como resultado de todo este trabajo de argumentación y demostración, Spinoza llega a varias conclusiones:

1ª Monismo: La existencia de Deus, como única sustancia y única naturaleza, de la que emanan las demás existencias. Ya no existen diferentes realidades, ya no hay un alma y un cuerpo, ya no hay un mundo perfecto y un mundo imperfecto, …, ahora sólo existe un universo, una sola realidad, eso sí, con diferentes manifestaciones.

2ª Panteísmo: Deus está en todas las cosas y todo forma parte de Deus. Este pensamiento panteísta parte de la visión de Deus como una sola existencia y una sola esencia, es decir, una sustancia, una naturaleza. Deus es para Spinoza la naturaleza: los montes, los ríos, los valles, los mares, los animales, los astros, …, y el ser humano es parte de esa naturaleza, de esa sustancia.

3ª Inmanentismo: La esencia de todas las cosas tiene su origen en Deus, pero no de forma transitiva, sino de forma determinista, es decir, no hay una reciprocidad entre Deus y las cosas, sino que las cosas actúan de una forma determinada por Deus.

Spinoza entiende la realidad como un todo único, en el que cada parte remite a la totalidad y en ella encuentran su justificación y fundamento. Las partes, por lo tanto, son manifestaciones del todo, que es Deus.
Con esta solución, en la que ya no hay dos mundos (alma/cuerpo), Spinoza consigue salvar el obstáculo de la relación entre ellos. Lo espiritual y lo material, para Spinoza, son dos manifestaciones de un solo mundo, es como si hablaran lenguajes diferentes, son como dos manifestaciones diferentes, de las infinitas manifestaciones posibles, de una sola realidad, de un solo mundo, de una sola sustancia y de una sola naturaleza.

CONCLUSIÓN:

Podríamos decir que Spinoza es un filósofo que, tomando como referencia más cercana el pensamiento cartesiano de Descartes, va más allá que su antecesor en su concepción de la realidad, seguramente queriendo huir de los complejos y prejuicios de la época, como él mismo indica: “Siempre que he tenido ocasión, he procurado remover los prejuicios que hubieran podido impedir que mis demostraciones se percibiesen bien, pero, como aún quedan no pocos prejuicios que podrían y pueden, en el más alto grado, impedir que los hombres comprendan la concatenación de las cosas en el orden en que la he explicado, he pensado que valía la pena someterlos aquí al examen de la razón. Todos los prejuicios que intento indicar aquí dependen de uno solo, a saber: el hecho de que los hombres supongan, comúnmente, que todas las cosas de la naturaleza actúan, al igual que ellos mismos, por razón de un fin, e incluso tienen por cierto que Dios mismo dirige todas las cosas hacia un cierto fin, pues dicen que Dios ha hecho todas las cosas con vistas al hombre, y ha creado al hombre para que le rinda culto. Consideraré, pues, este solo prejuicio, buscando, en primer lugar, la causa por la que le presta su asentimiento la mayoría, y por la que todos son tan propensos, naturalmente, a darle acogida.” (Spinoza, 1675, Ética demostrada según el orden geométrico, Apéndice).   
Por lo tanto, Spinoza no se deja influir por los prejuicios, en este caso religiosos, que tenía a su alrededor y elabora su pensamiento a partir de un nuevo Dios, que identifica con la Sustancia y con la Naturaleza. El pensamiento de Spinoza es monista panteísta, es decir, Deus es un todo, que está en todo y del que emana todo; en contraposición con el pensamiento dualista de Descartes.

Independientemente del resultado, el pensamiento de Spinoza, utilizando el método cartesiano y prescindiendo de prejuicios, supone un avance muy importante en el pensamiento moderno. Spinoza, como Descartes, utiliza la razón y un método matemático, pero, además, Spinoza se despoja de los prejuicios de la época.

No es fácil huir de los prejuicios de cada época, pero Spinoza tuvo el valor de hacerlo y consiguió con ello tener una visión diferente, propia, demostrada y razonada de la realidad. Ya no tenía la visión de la realidad que le habían contado otros, con sus inevitables adornos, sino que tenía una visión de la realidad propia y razonada por él mismo.

Creo que nos iría mucho mejor, también en la actualidad, si huyésemos de los prejuicios, de todo tipo, que hemos heredado y procediésemos a hacer una revisión de las diferentes cuestiones de nuestra realidad partiendo de la razón hasta llegar a verdades que podamos demostrar.

En relación con los prejuicios, que tanto daño hacen a nuestra forma de conocer la realidad, recuerdo ahora la frase de Albert Einstein: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.”

Por lo tanto, si queremos conocer la verdad, como hizo Spinoza, despojémonos de los prejuicios y utilicemos la razón.