viernes, 2 de febrero de 2018

RELACIÓN ENTRE COLOR Y FORMA EN KANDINSKY


Desde su niñez, Wassily Kandinsky está unido a los colores y a las formas, prueba de ello, es que los recuerdos de las experiencias vividas en sus primeros años son impresiones de colores y formas.


Para Kandinsky existe una total separación entre el mundo espiritual y el material, dos mundos que son entre irreconciliables y complementarios, y desarrolla ideas a través de términos opuestos: lo espiritual es un movimiento progresivo y ascendente, mientras que lo material es un movimiento de retroceso y descendente; pero no sólo de términos, sino también de formas, y representa el progreso de la vida espiritual como un triángulo que se mueve hacia arriba y hacia adelante, mientras que la decadencia de la vida espiritual la represente con un triángulo que se mueve hacia abajo y hacia atrás.

Para Kandinsky existen dos tipos de arte: un arte estable, material, que no se transforma, y un arte abstracto, figurativo, que es susceptible de transformación y de evolución. El dominio de las formas abstractas permite al artista guiar al espectador.

En Kandinsky aparece la dualidad forma (materia) y contenido (espíritu), entre las que hay una mutua adaptación, deben adecuarse al alma humana. También aparece en Kandinsky el antagonismo materia y vida. La vida, que se relaciona con el espíritu, necesita de la materia y con ella crea las formas, y ésta necesita de aquel.  El espíritu simboliza lo positivo y la materia lo negativo.

También aparece en Kandinsky la oposición entre lo abstracto y lo real, que para él no son más que dos polos opuestos de un mismo balanceo. Mientras que el realismo tiene a suprimir lo abstracto del cuadro, la abstracción tiende a suprimir lo real.

La dualidad contenido y forma se puede entender como la oposición, pero también complementariedad, entre el elemento interno de una obra de arte y el externo.

Kandinsky divide la historia de la pintura en tres periodos: la pintura realista, la pintura naturalista y la pintura composicional. Se trata de tres periodos que evolucionan desde lo material a lo espiritual, donde el segundo periodo es una evolución desde lo material hasta lo espiritual. El periodo composicional es el de la espiritualidad, que para Kandinsky es la finalidad última de la pintura, una pintura que sólo puede ser entendida por el espectador que la mira desde dentro, desde su interior.

Kandinsky suele exponer los temas a través de dualidades. Por ejemplo, dice que el problema de la forma se puede dividir en dos partes: la forma por excelencia y la forma por extensión. Respecto al color, también propone que sea estudiado mediante dos líneas de investigación. Cada color y cada forma, como elementos individuales, deben estar subordinados a la construcción de una obra, es decir, a la composición.

Kandinsky establece estrechas correspondencias entre las líneas divergentes de las formas y de los colores en relación con los seres vivos. La unidad, el punto, se actualiza siguiendo líneas divergentes que se dividen en diferentes direcciones. Este movimiento es la causa de las diferentes formas, el movimiento del punto engendra la línea.

La relación entre el color y la forma es tan estrecha para Kandinsky que en “De lo espiritual en el arte”, llegará a decir: “La relación inevitable entre color y forma nos lleva a la observación de los efectos que tiene esta última sobre el color. La forma, aun cuando sea completamente abstracta y se reduzca a una forma geométrica, posee en sí misma su sonido interno, es un ente espiritual con propiedades identificables a ella. Un triángulo (sin que importe que sea agudo, llano o isósceles) es uno de esos entes con su propio aroma espiritual. Al relacionarse con otras formas, este aroma cambia y adquiere matices consonantes, pero, en el fondo, permanece invariable, así como el olor de la rosa nunca podrá confundirse con el de la violeta. Igual sucede con el círculo, el cuadrado y las demás formas (24). Es decir, como en el caso del color, hay una substancia subjetiva en una envoltura objetiva. La relación entre forma y color se evidencia así claramente. Un triángulo amarillo, un círculo azul, un cuadrado verde, otro triángulo verde, un círculo amarillo, un cuadrado azul, etc., son entes totalmente diferentes y que actúan de modo completamente distinto. Determinados colores son realzados por determinadas formas y mitigados por otras. En cualquier caso, los colores agudos poseerán una mayor resonancia cualitativa en formas agudas (por ejemplo, el amarillo en un triángulo). Los colores que tienden a la profundidad, son resaltados por las formas redondas (por ejemplo, el azul por un círculo). Está claro que la disonancia entre forma y color no es necesariamente disarmónica sino que, por el contrario, abre una nueva posibilidad de armonía. El número de colores y formas es infinito, así como las combinaciones y los efectos. El material es inagotable.”


Del estudio que hace Kandinsky de la relación entre color y forma nace una nueva forma de comunicación entre el artista y su obra y de ésta con el espectador que, en definitiva, es la comunicación entre el artista y el espectador. Su lenguaje pictórico abstracto comienza a interpretarse desde la relación entre color y forma. Las formas nos transmiten unos sentimientos, unas sensaciones, que adquieren diferentes interpretaciones dependiendo del color en que se pinten. Los colores cálidos y fríos se entremezclan con formas geométricas (líneas rectas, curvas, triángulos, círculos, cuadrados,…) y nos transportan a una nueva forma de sentir el arte y a una multitud de interpretaciones subjetivas, que provienen de  nuestro interior. Los abstractos cuadros de Kandinsky se interpretan mediante colores y formas, desde dentro hacia fuera. 


SOBRE LA FUNDAMENTACIÓN DE LA CIENCIA EN HUSSERL


Antes de comenzar, cabe reseñar que, aunque al principio Husserl estaba influido por el psicologismo, defendido entre otros por su maestro Brentano y Stuart Mill, pronto lo abandonó. El psicologismo consistía en pensar los actos mentales como subjetivos y empíricos, lo que suponía dejar fuera la existencia de una verdad objetiva y, por tanto, el conocimiento de la misma.



Para Husserl la lógica objetiva dependía de las condiciones a priori del pensamiento y de los juicios, es decir, no dependía de la experiencia. Husserl pensaba que el psicologismo confundía las leyes lógico-matemáticas con su propio contenido; sin embargo, estas ciencias son teóricas y las leyes no son sino sus derivadas.

Como consecuencia, según Husserl la psicología no puede ser superior a la lógica, ya que no puede proporcionar los fundamentos a priori de todo juicio posible.

El razonamiento de una verdad objetiva, válida al margen de las observaciones empíricas, supone el inicio de la fenomenología, que Husserl convertiría en el método más adecuado para hacer de la filosofía una ciencia más “científica” y rigurosa.

La fenomenología explicaría los posibles modos en que un contenido ideal podría corresponderse con la experiencia que lo validaría como tal. Por lo tanto, una fenomenología de la percepción estudiaría las condiciones posibles en las que podría darse el conocimiento sensible; y una fenomenología de la acción estudiaría los modos en los que se podría validar la moralidad de una determinada acción. El  estudio de los distintos modos a priori en los que se nos pueden dar a conocer los objetos debe corresponderse con la existencia de dichos objetos al margen de la experiencia; así, el estudio de un juicio moral no vale únicamente para una acción determinada, sino que debe servir para cualquier juicio moral posible que tenga su misma forma.

Por lo tanto, el conocimiento que se alcanza del juicio moral no es empírico, objetivo ni experimental, sino subjetivo y trascendental: el estudio fenomenológico de Husserl debe alcanzar la forma posible, es decir, la esencia, más allá de su manifestación empírica concreta. Lógicamente, para conocer una esencia debemos tener un conocimiento universal de ella, un conocimiento tal que nos permita distinguir sus características propias, en esencia, de una manifestación concreta de su forma general.

Otro concepto clave en Husserl es la intencionalidad, que es la propiedad básica de la conciencia, es decir, todo acto de conciencia tiene un contenido y, por lo tanto, no existe ningún acto mental sin contenido. La intencionalidad es lo que permite a Husserl romper con el psicologismo, porque ese contenido intencional se corresponde, como es lógico, con un acto mental: “El juicio, la valoración, la pretensión, no son experiencias vacías que la conciencia tiene, sino experiencias compuestas de una corriente intencional”.

Como en Kant, en Husserl estos contenidos intencionales son objeto de la lógica pura, que estudia los contenidos que tienen un sentido y cómo éstos pueden articularse.

Mi posición sobre este particular, como buen humanista, es que la ciencia, y en particular la filosofía, deben buscar un fundamento trascendental a priori, es decir, un fundamento sobre el que se puedan explicar las existencias particulares desde un discurso lógico a priori que permita, prescindiendo de lo particular, establecer criterios generales que puedan explicar todos los fenómenos particulares que tienen una misma forma. En este sentido, entiendo que los sistemas lógico-formales, por ser universales, deben servir para explicar tanto los fenómenos generales como los particulares.

La reducción a la esencia, que Husserl utilizó como objetivo de su fenomenología,  significa, al fin y al cabo, desnudar lo universal quitándole los ropajes particulares y, desde ese universal, ahora despojado de lo particular, se deben establecer los criterios generales que fundamenten y expliquen los fenómenos y las existencias particulares.

Estamos, por lo tanto, ante dos métodos de conocer diferentes. Por un lado, el conocimiento a priori, que es el método propio de la filosofía, que busca conocer los fundamentos trascendentales para explicar las existencias particulares y, por otro lado, el conocimiento a posteriori, que es el método propio de las ciencias, que busca conocer las existencias particulares a partir de la observación empírica, de la experiencia, de la observación, para explicar también las existencias particulares.

Hay que tener en cuenta que en la fenomenología de Husserl, los fenómenos necesitan ser liberados, desnudados o purificados mediante la reducción hasta llegar a su esencia última y, de esta forma, dichos fenómenos pueden ser conocidos por nuestra conciencia trascendental: “El mundo nace en nosotros, como Descartes hizo reconocer, y dentro de nosotros adquiere su influencia habitual”.

En realidad, el mundo de Husserl no era tan diferente del nuestro o, al menos, según sus propias palabras, estaba tan necesitado de ciencia filosófica como el nuestro y, como nosotros, anhelaba una sociedad más idealista y menos positivista: "Pienso que nuestra época es grande por su vocación. Sólo adolece del escepticismo que destruyó los viejos discutidos ideales. Y por eso sufre por la falta de desarrollo y escasa fuerza de una filosofía poco avanzada e insuficientemente científica como para poder superar el negativismo escéptico -que se llama a sí mismo 'positivismo'- mediante el verdadero positivismo. Nuestra época solo quiere creer en 'realidades'. Su más fuerte tarea es la ciencia; por ello, la ciencia filosófica es lo que más necesita nuestra época.