lunes, 16 de enero de 2017

EL GOBIERNO DE MARGARITA DE PARMA Y LA REBELIÓN EN LOS PAISES BAJOS


INTRODUCCIÓN.

Antes de comenzar esta exposición es relevante señalar que Margarita de Parma  (1522-1586), fue hija bastarda del emperador Carlos V, fruto de una relación extramatrimonial con una dama flamenca llamada Johanna van der Gheist. Fue educada primeramente por una familia noble, aunque muy pronto Margarita de Austria, tía del emperador, y gobernadora en aquellos momentos de los Países Bajos, se hizo cargo de su educación.


Fue duquesa de Florencia y de Parma, y en 1559 Felipe II, su hermanastro, la nombró gobernadora de los Países Bajos, territorios que en aquellos momentos se encontraban envueltos en continuos conflictos religiosos entre católicos y protestantes y con unas autoridades locales que no aceptaban al nuevo monarca.

Margarita intentó gestionar esta situación lo mejor que pudo, utilizando para ello la diplomacia, pero finalmente Felipe II tuvo que enviar al Duque de Alba, con unos sistemas más expeditivos, para resolver los conflictos existentes.

En 1567 Margarita, que no aceptó de buen grado la llegada del Duque de Alba y sus métodos, presentó su dimisión como gobernadora de los Países Bajos, siendo sustituida por éste.

Aunque al acceder Felipe II al trono en 1556 la situación de los Países Bajos estaba controlada, la nobleza local no aceptó a un rey “extranjero”, que ni siquiera hablaba su idioma y, cuando en 1559 decide instalarse en Castilla, la situación no hizo más que empeorar. Es en este momento cuando Felipe II nombra a Margarita de Parma gobernadora de los Países Bajos y al cardenal Granvela como su Consejero personal en tierras flamencas.

Sin embargo, la política del monarca no fue aceptada por ningún grupo social. Por una parte, la nobleza quedaba excluida de los puestos de gobierno y de los  cargos más importantes y, por otra parte, la burguesía era maltratada por unos tributos cada vez más altos.

En estas circunstancias, aprovechando las corrientes religiosas de la época, los Países Bajos se rebelaron contra la Monarquía Hispánica y entraron en una etapa de conflictos y violencia que desembocaron en la guerra de Flandes, que duró nada menos que ochenta años (1568-1648),  con una pausa de doce años, acordada en la tregua de Amberes (1609-1621), y que finalizó con la independencia de los Países Bajos.

Lo que empezó siendo una revuelta contra la política económica y religiosa de Felipe II, acabó alcanzando, principalmente en su última fase, una dimensión internacional.

ANTECEDENTES.

Carlos V había creado en su momento la figura del Gobernador General para el gobierno de los Países Bajos, territorios que tenían el privilegio de que debían ser gobernados por el monarca o por alguien de su familia. Esta figura que estaba apoyada en tres consejos: el Consejo de  Estado, el Privado y el de Hacienda.

Cuando Felipe II accede al trono de los Países Bajos se encuentra con un territorio dividido en diecisiete provincias con grandes diferencias entre sí, prácticamente independientes unas de otras, con estructuras diferentes y cuya única institución común, además de la Corona, eran los Estados Generales, formados por representantes de las provincias y cuya función principal era servir de interlocución con el monarca. Por otro lado, en un estadio inferior se encontraban los Estados Provinciales, institución que servía a las provincias para articular políticas comunes entre sí.

Es entonces cuando Felipe II decide instalarse definitivamente en Castilla y dejar en el gobierno de los Países Bajos, de acuerdo con los privilegios adquiridos por estos territorios, a un familiar suyo, en este caso, a su hermanastra Margarita de Parma.

La recién nombrada Gobernadora General estaba apoyada y asesorada, como ya se ha dicho antes, por el Consejo de Estado, que estaba formado por representantes de la nobleza flamenca, y en el que Felipe II nombró como su representante personal al cardenal Granvela, que se convirtió, por lo tanto, en la persona más influyente sobre la gobernadora, perdiendo de esta forma influencia el resto de consejeros flamencos.

Éste, la pérdida de influencia de la nobleza flamenca en el gobierno de los Países Bajos, fue el motivo principal de los enfrentamientos entre Guillermo de Nassau, Príncipe de Orange, y el cardenal Granvela, que terminó convirtiéndose en un enfrentamiento entre nobleza y monarquía. A partir de este momento, el Príncipe de Orange pasaría a liderar la oposición contra el monarca español.

Como conclusión, podemos decir que este enfrentamiento produjo un alejamiento entre el monarca y el pueblo flamenco, que se vería aumentado por la lejanía del monarca, que nunca visitaba sus posesiones. No obstante, además de la lejanía del monarca, hubo otros motivos, como que la autoridad de la Gobernadora era limitada, que las decisiones reales tardaban casi siempre demasiado tiempo en llegar, etc.

Estas razones serían caldo de cultivo de los conflictos de los Países Bajos, que acabarían en rebelión contra el monarca y no tanto los asuntos religiosos, como se ha creído.

MARGARITA DE PARMA.

En esta situación, el talante de la Gobernadora de los Países Bajos fue siempre diplomática y dialogante con la nobleza flamenca, intentando llegar a acuerdos con ella para pacificar la situación tan conflictiva con la que se encontró nada más hacerse con el cargo, a pesar de que el monarca no se lo ponía nada fácil.

Un ejemplo de este talante de la Gobernadora se aprecia cuando Margarita convenció a Felipe II de la idoneidad de la retirada de los tercios viejos de Flandes, tropas que habían participado en campañas francesas y que continuaban permaneciendo en los Países Bajos, posiblemente más tiempo del  necesario. Mientras el cardenal Granvela era partidario de mantener las tropas en Flandes para evitar rebeliones, Margarita era partidaria de la retirada de las mismas, ya que éstas eran mal vistas por la nobleza flamenca. Finalmente, el monarca accedió a la retirada de las tropas en 1560.

Otro ejemplo de este talante de la Gobernadora es la carta que Margarita remitió a su hermanastro, Felipe II, el 13 de marzo de 1563, en la que pedía al monarca que retirase al cardenal Granvela del Consejo de Estado, para facilitar su diálogo con la nobleza flamenca. Finalmente, el monarca accedió a la retirada de Granvela en 1564.

Sin embargo, la situación de continuos conflictos continuó y poco a poco se fue convirtiendo también en una guerra religiosa que sirvió a grupos calvinistas como excusa para asaltar iglesias en agosto de 1566, llevando a cabo saqueos, quema de templos e incluso la persecución y asesinato de católicos.

La religión sirvió como excusa para lo que realmente era una rebelión política y social, y así se lo señalaba Margarita de Parma a su hermanastro Felipe II en una carta:

lo religioso no es más que el antifaz que enmascara otros objetivos como era verse libres del gobierno del rey español”.

Ante esta situación, en octubre de ese mismo año, Felipe II tomó la decisión de enviar a los Países Bajos a Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Duque de Alba, con los tercios españoles acantonados en Italia, para sofocar la rebelión. Sin embargo, el Duque de Alba llegaría a los Países Bajos en agosto de 1567, un año después de las revueltas iconoclastas de 1566.
Durante este tiempo la gobernadora, apoyada por la nobleza fiel al monarca, a la que pidió jurase fidelidad al rey, reclutó tropas y consiguió controlar la situación.

¿No lo veis...? ¡Exija que le aclaméis…!
En su mano brilla un cetro soberano:
es de España, es castellano“.

Sin embargo, la huida de los rebeldes a Inglaterra, Francia y Alemania, países que a partir de este momento apoyarían a los rebeldes, contribuyó a la internacionalización del conflicto.

Aunque en un principio el Duque de Alba no fue a los Países Bajos a sustituir a Margarita de Parma como gobernadora, los métodos expeditivos empleados por éste y la autoridad que el monarca le había otorgado, provocaron la dimisión de Margarita de Parma a finales de 1567, por lo que Felipe II nombró al Duque de Alba como Gobernador General en sustitución de su hermanastra.

CONCLUSIÓN.

Margarita de Parma fue una mujer que supo estar a la altura de las complicadas circunstancias que le tocó vivir como Gobernadora General de los Países Bajos, donde se encontró con conflictos de tipo político y social, que desembocaron en religiosos.

Por una parte, fue diplomática y dialogante cuando tuvo que serlo, y supo ver con claridad los problemas que se le presentaron, así como tomar las decisiones acertadas en la mayor parte de las ocasiones, aunque la tardanza de su hermanastro en responder a sus peticiones le complicaron mucho su gobierno en diferentes ocasiones. Se mantuvo firme en una situación complicada entre la monarquía española y la nobleza flamenca, entre el cardenal Granvela y el Príncipe de Orange, y supo salir airosa.

Por otra parte, fue dura e inflexible cuando tuvo que serlo, y tuvo la habilidad de ganarse a los nobles flamencos para su causa cuando la situación era desesperada.

Margarita de Parma ejerció un papel decisivo en la política española e internacional de su época y, como mujer, es posiblemente una adelantada a su tiempo, ya que supo ejercer, en soledad, un cargo de gran importancia en un momento crítico y en un mundo masculino. Sin embargo, me ha llamado la atención que en las fuentes que he utilizado para hacer este trabajo, en ningún momento se diferencia su gobierno de otros por ser mujer y eso se debe al buen trabajo que realizó, un trabajo que ningún hombre en sus circunstancias y con sus pocas armas podría haber realizado mejor que ella.

Bibliografía

Gallegos Vázquez , Federico. «Guerra de los ochenta años.» Revista Aequitas, 2014: 167-252.

Giménez Martín, Juan Francisco. Los tercios de Flandes. Madrid: Ediciones Falcata Ibérica, 1999.




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